viernes, 19 de enero de 2018

Microrrelato: El Sol


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

(Extracto de una libreta)

EL SOL

<< ...Diría que es el sol el que me guía, el que me anima a continuar. Con sus rayos y su compañero azul, me invitan a la alegría.

Imágen extraída Google
Lo sé porque un destello chisporrotea dentro de mí, en cada iluminación. Su manto frío al descubierto, me sugiere que sienta al viento. Mi medrería a este del poniente, me acobarda engañandome, y es que la casa es fría, pero si me aventuro a sentir la calidez de esa luminiscencia que acaricia mi piel canela, me siento parte de este mundo, de esta ciudad. Si la dicha fuera "algo" sería sentir la calma que me produce. Crea en mí sentimientos contradictorios, lo sé, sensaciones aventureras, ideas divertidas, sueños llenos de ilusión, propósitos posibles ... 

Si el sol el hablara en su mudo murmullo, sabría que que me diría que tuviera confianza, que el mundo, allá dónde lo siento, está hecho para mi, y para todos los que lo aprecian. Ese miedo, de inoportuno dolor, solo quiere que no sonriamos, y yo, quiero reír, volver a soñar. Y eso hago, soñar despierta... >>


©El Rincón de Keren






miércoles, 17 de enero de 2018

Sin previo aviso.


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Un cigarrillo impregnaba el oscuro cielo de cada noche. Un paso. Dos. Unas piernas se acercaban cada noche a la misma hora, a la puerta de aquel edificio de apenas cuatro plantas,  sobre un capó cualquiera, en medio de la noche, unos ojos observaban la luz tenue que desprende la habitación de la segunda planta. Una hora. Y hasta dos horas observan esos ojos llenos de impaciencia. Algo debería esperar. ¿Sucedería algo? Las persianas hacen su cometido llegadas las doce en punto. Un barrido hacia abajo. Ya no hay luz…

Helena es la niña risueña con la que cualquier madre soñaría tener. Su sonrisa le arrebataba a una el cansancio y se le transformaba en ansiosas ganas de jugar o corretear por toda la estancia. Ya han pasado siete años desde que aquel desgraciado las dejó a Helena, su hija y a Valentina una noche en la que ella le confesó su estado. Nueve meses después, huyó de su casa y unas monjas cuidaron bien de ellas dos. 

Valentina no se sentía lo suficientemente creyente como para compartir sus verdaderos sentimientos hacia ese padre poderoso. Decididamente sabía que, había un algo. El que, estaba por ver. Además, había pasado unos años muy duros trabajando de aquí para allá en innumerables trabajos a la vez y por fin, se mudarían a un pisito apartado de la ciudad. Aquello estaba muy bien, por que significaba un nuevo cambio, pero para cambios, estaban los estirones de Helena y los constantes cambios de vestuario, los libros que, por suerte, no cambiaban demasiado de año en año y, a veces, el colegio proporcionaba la gran mayoría. Lo que más le angustiaba, era que Helena había comenzado a preguntar por su padre tanto que, le causaba náuseas y hasta un nerviosismo por no saber si estaba haciendo bien en contarle aquello que creía conveniente. Al fin y al cabo, era una niña, creería lo que su madre le dijera y ya está. Y su madre, Valentina, procuraba decirle siempre lo bueno que era su padre sin añadir lo trágico de todo aquello. ¿Cómo hacerle daño diciéndole que no la quería? Que hasta la había dicho, aquel que era su padre, que abortara… No se merecía aquello. Y  todas las palabras hirientes que tuvo que oír ella al quedarse preñada de la criatura. ¿Qué culpa tenía ella de cómo era él? << Un desalmado. Eso es lo que es tu padre >> Pensaba para sus adentros Valentina. Y una sonrisa forzada ahogaba las ganas irrefrenables de gritar y echarse a llorar. 

Todas las noches, Helena soñaba con un príncipe y dragones. Ese príncipe la salvaba y deshacía el hechizo que la tenía presa. Durante toda su niñez ese sueño se repetía noche tras noche e innumerables veces. Hasta que al cumplir los diez y seis años, los sueños desaparecieron y, con los sueños, su curiosidad por saber sobre su progenitor masculino, el cual, nunca apareció. Quizás, aquellos sueños, eran el inconsciente deseo de que su padre, de la nada, le diera ese amor que creía que le faltaba. << ¡Porque no me quieres?>> rezaban algunas de las preguntas en su diario. Pero nunca llegó respuesta y, con las estaciones, aquellas preguntas desaparecieron de sus libretas y de su pensamiento. 

Imagen extraída Google

Helena solía sacar unas notas excelentes. Los profesores le auguraban una muy buena carrera profesional y muchos éxitos que con el tiempo dieron fruto. 
Por cuestiones del azar, Helena se aventuró en un proyecto que, dio lugar a un buen puesto de trabajo aquello derivaría en muchas charlas televisivas. Ello haría que alguien sintiera cierto interés por ella. 
Una noche, una llamada irrumpe en la noche a los Martínez mientras Helena acababa de empaquetar su ropa para la mudanza e independencia. Ella solo pudo oír: 
“…No tienes ningún derecho a irrumpir así en nuestras vidas, de manera deliberada y… ““...No es a mí a quien tienes que pedir perdón pero, ya te he dicho que no es buen momento para llamar…” Decía Valentina desde al otro lado de la casa. Helena se acerca sigilosamente hacia el comedor, hasta avistar a su madre con el aparato en la oreja y el cigarrillo en la otra mano. Cuelga. Le tiemblan las manos. Entonces Helena se sienta junto a ella, le tiende la mano y esta, se la sujeta temblorosa hasta que después de varias caladas exhala y le dice: 

- Helena. Voy a ser totalmente sincera contigo… - Dice tajante 
- Dime – dice intrigada
- Era tu… tu… era tu padre. –titubea Pero Helena solo la observa y dice 
- Y ¿qué quería? –dijo de mala gana 
- Quería hablar contigo. Está empeñado en que os veáis y sepas el… yo ya le he dicho que no es buen momento… que … - vuelve a titubear
- Mamá. Tranquila. No quiero saber nada de él. – dice tajantemente
- Entiendo que no es un buen momento pero también entiendo que como hija, querrás saber porque no estuvo presente en gran parte de tu vida… ¿No? No crees que… - dice temerosa
- No. No quiero. –irrumpe 

No volvieron a hablar sobre aquel incidente nunca más. Helena siguió adelante con sus proyectos y Valentina con su vida pero… 

Un cigarrillo impregnaba el oscuro cielo de cada noche. Un paso. Dos. Unas piernas se acercaban cada noche a la misma hora, en la puerta de aquel edificio de apenas cuatro plantas, y sobre un capó cualquiera, en medio de la noche, unos ojos observaban la luz tenue que desprende la habitación de la segunda planta. Una hora. Hasta dos horas observan esos ojos llenos de impaciencia. Algo debería esperar. ¿Sucederá algo? Las persianas hacen su cometido llegadas las doce en punto. Un barrido hacia abajo. Ya no hay luz…


©El Rincón de Keren

lunes, 15 de enero de 2018

Tempestad

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Imagen propia 
©ElRincondeKeren

TEMPESTAD


Te acicalas
Me miras
Un deseo se produce 
Nuestros ojos bailan entre ansia y ternura 
Nos acercamos 
Olvidamos el ayer 
Del olvido a las caricias, nos perdemos...

Te atiborras de valentía 
El coraje de un amor enfermizo 
Entre furia y calma 
Nos tenemos 
Nos escogemos cada día 
Luchamos contra las tempestades 

Me recibes en tu regazo 
Con sueños de un fin de semana 
La tranquilidad nos amansa 
Los besos nos tranquilizan 
Si la calma se enturbia 
Que tus ojos no me juzguen por mi caos 
Si la vida nos ahoga 
Que tu risa no enmudezca 
Nos tenemos como peregrinos a la piel 
Úsame como hábitat 
Escógeme como confesión 
Pero no te alejes de mí taciturno 

Déjame ser culpable de tu alegría 
Posee la llave de la armonía 
La tenemos inmersa en las emociones 
No son contraposiciones 
Introspecciónate 
Víveme 
Que yo cuando este hervor nos dificulte 
Amansaré y amasaré 
Como cocinera a tus emociones 
Elevate hacía a mi 
Elevemonos sin medida 
Ahoga el dolor 
La pena 
Grítale a la tormenta 
y muere entre el amainat y la paz rebosante 
Pues la vida es inconstante 
Apasiónante 
Caminante 
Entre dos almas que solo quieren 
Amarse sin el dolor inquietante 



©El Rincón de Keren

viernes, 12 de enero de 2018

La quietud de un banco.

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Imagen propia
©ElRincóndeKeren


Sentada en ese banco, el silencio reinaba en su interior. No sabía si aquello era lo habitual en alguien; para una persona que se había pasado media vida en el pensamiento, en las situaciones que le hubiera gustado vivir, en los recorridos que le hubiera gustado conocer o en las historias que le hubiera gustado recrear y hacer realidad. 

El vaivén de la gente era silencioso a simple vista, y ellos también tenian una historia que se estaba relatando mientras ella observaba impasible: 

Un hombre con el móvil, y de la mano, la correa del perro que, posiblemente, le había tocado pasear porque la mujer le habría dicho que lo sacara. Le hacía pensar, o tal vez creer que, quizás, no tenía mucho tiempo para poder sacar al fiel compañero familiar, impaciente por hacer sus recados allá dónde le dejara su amo. o que por no escuchar a la mujer dando la lata se había resignado a bajar al peludo animal.

La chica que va enviando notas de voz como si el mundo no reconociera su instante en la historia. Tal vez, se la enviaba a su mejor amiga, o a su madre preocupada por cuando llegaría a casa mientras sujeta una bolsa de la compra, y el móvil, con el auricular que indicaba el manos libres insertado. 

La madre que corre a toda prisa, para llevar a sus retoños al colegio para que lleguen a tiempo, una lección más. Parece cansada, parece también harta de ese trajín que le lleva a cargar las mochilas de sus hijos porque sí. ¿Dónde estaba el padre? 

Una pareja paseaba por la zona, pero parecen olvidar que en el mundo hay más seres, y algo me dice que se han saltado las horas lectivas para verse. Cuan imprevisible puede ser el amor adolescente... 


... Y sentada allí entre historias que se iban aconteciendo a medida que la mañana se iluminaba con el sol del mediodia, el rugir de la panza hace mella, haciendo caso omiso, la imagen se torna totalmente diferente. Las calles se llenan de niños y adolescentes de todas las edades con el propósito de ir a llenar sus barrigas para volver a emplear, más tarde, otras cuatro o cinco horas más de clase. 


El bullicio la inquieta, las risas la desconciertan y es que hay tanta gente que, ella nota algo estresada y saturada la ciudad a esa hora punta. Pero en menos de media hora, las calles vuelven a guardar la armonía del silencio, y es ahora, el rugir de los coches, y el claxon de aquellos que vuelven de trabajar, o quizá, hacen su ruta para ir a comer al bar más cercano con los compis del trabajo, revisar el Smartphone y comer, y hablar, hablar todo lo que no han podido en toda la mañana que han ocupado haciendo sus tareas de media jornada. 

El rugir de sus tripas, le advierte con seguir pidiendo algún tipo de alimento que haga callar el quejido. Tal vez no son las historias, sino más bien, las historias inacabadas que, por algún motivo, se les puede añadir un final sacado de la más pura imaginación, dignas de ser escritas o de admirarlas. Pero, lo que está claro, es que son atrayentes para el que observa desde la quietud de un banco.


©El Rincón de Keren

miércoles, 10 de enero de 2018

Una imagen para la retina.


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Imagen extraída de Google (El Corte Inglés)
Retocada 


Escogió aquella fotografía porque era la que había adquirido un enfoque y una iluminación que le resultaba digna de inspeccionar más detenidamente. En la fotografía, aparecían ella y su antiguo novio. Parecían tan alegres... Nadie habría dicho que fue una relación tormentosa, llena de mentiras, de dolores al corazón, al orgullo o a la propio ser que, hicieron mella en la siguiente relación. 

Aunque la foto era digna de enmarcar, ella le encontraba defectos que, a simple vista, cualquier otra persona no alcanzaría a comprender. Parecía segura de si misma, pero era un alma atormentada. Sus ojos reflejaban el amor que en aquel momento sentía, pero lo cierto es que aquella fotografía le revelaba el trasfondo de aquella imagen. fueron situaciones en las que se sintió tan poco valorada y sin embargo, la apariencia era la de una chica que sabía muy bien lo que quería. Aquel revelado la acusaba de haber ocultado su verdadero 'Yo'. 

Se veía guapa en ese instante, llena de vida, y no tenía un cuerpo envidiado pero era muy feliz con su cuerpo. Eso sí que era real. Se amaba tal y como era, pero él, la apagaba con cada situación que se les sucedía. Ella, que bailaba hasta con el telediario de las tres, que era la alegría en una casa ajena en la que reinaba la pena. Sus ideas eran firmes pero sus acusaciones la debilitaban y los consejos parecían no calar en él. 

Escogió otra instantanea al azar, de la misma época en la que la tristeza era notable esa en la que muy en contra de lo que realmente sentía, siempre había tenido una sonrisa. Aunque sus dientes no fueran los más perfectos, aunque las gafas que llevaba ocultaran su cara, muy a su pesar afligida a un amor que no era recíproco. ¿Por qué seguía guardando aquellos momentos? 

Quizás porque los sentimientos no se pueden negar aun cuando la sonrisa más grande llena tu cara, aun cuando creas que lo que sientes es "verdadero" y lo que en realidad estás haciendo es mentir descaradamente para no sopesar el verdadero dolor mitigado con falsas esperanzas de un "Seguro que cambiará" y estaba claro que no. 

Los años, gracias a dios, pasaron y aunque el dolor tomó gran terreno del cual había olvidado que poseía, aunque el anhelo no le dejara avanzar, aunque caminara con el alma en pena por las calles gritando que se apagara ese dolor incesante, aun cuando las lágrimas fueran el manto para una noche en la que se llevaría a morfeo a los cielos más lugubres. Amanecer un día sin esos mares y volver a explorar el mundo con otros ojos, más secos, más alerta y precavidos,  le auguró un nuevo sentimiento. 

Porque a veces, se suele decir que, "Dios no te envía pruebas que no puedas superar". Aquella frase tomó fondo con el nuevo sentido al cortejo: los paseos y la iniciativa de conocer a otra persona después de haber maldecido a la oscuridad y al dolor, ahora mitigado, y en pleno descenso, por un nuevo amor que volvió a crear dentro de ella sentimientos dignos de una fotografía que marcaría enl inicio de algo que podría durar mucho, ¿Quién sabe? La vida es tan incierta...

Se crearon nuevo recuerdos para la retina. Imágenes, en las que el amor no se sabía si era verdadero.Pero que se amaban, sí que se podía observar y hasta sentir. 

Las estampas de su vida eran el reflejo de una vida que en su totalidad no reflejaban un sentir real, pero al fin y al cabo, fueron recuerdos en los que se aprendió qué era lo que no quería ver, ni sentir. "Porque una imagen, vale más que mil palabras."


 ©El Rincón de Keren