viernes, 10 de marzo de 2017

Hisoria Inventada: No todo es glamour y caviar. ( huye) Parte 2

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Como le dije a Rachel, fuimos a una discoteca cercana por en la que me aseguraba Carol que lo pasaríamos en grande. Yo, me limité a seguir las indicaciones de ella con la esperanza de poder animar a la pobre mujer que ahora parecía haber recobrado la vida al pronunciar las palabras “discoteca” y “fiesta”. Eso me hizo sentir muy bien, no soportaba la idea de ver a nadie mal por el tema que fuera y salimos del restaurante con los dos primeros chupitos a los que nos invitaron los camareros del local, debido a lo llamativa que iba Rachel.

Nos dirigimos hacia el Mankala, que sonaba más a tribu urbana a la que iban gente joven, que a una discoteca para mujeres de nuestra edad pero seguíamos animadas en el metro de camino allá con la mejor de las sonrisas y más con aquellos dos chupitos que encendieron las mejillas de aquella de Rachel e iba con una sonrisa de oreja a oreja mientras íbamos hablando de los hombres y su extraño comportamiento a veces con las mujeres:

                   - …  Yo solo digo que, si te echas novio no debes nunca dejar que tu vida gire en torno a él. –dijo en un tono algo más serio.- a los hombres les gusta sentir que deben ir detrás de nosotras. O por lo menos a la mayoría les gusta saber que no se desviven por ellos…. – dijo mientras dejó soltar un resoplido- … pero qué difícil es a veces cuando una está enamorada y quiere saber constantemente de él… está claro que tenemos que darnos prioridad a nosotras mismas … -dijo en tono algo intelectual

Me costaba creer que una chica tan guapa tuviera que contener sus ganas de llamar a algún tío cuando no había más que ver que los tenía locos a todos con sus modelitos. Desde mi humilde opinión, le bastaría con chasquear los dedos para que saliera alguno a la falda de ella, haciendo cuanto ella quisiera, pero no le faltaba razón:

                  - En efecto, a los hombres les gusta saber que tenemos nuestra propia vida. – dije corroborando sus palabras

                  - Exacto- dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras sacaba de su bolsillo algo – este es libro en el que lo explica todo. – dijo mientras extendía el brazo en señal de querer prestármelo.

La verdad es que ella no sabía muy bien mi historial con los chicos, que llevaba cerca de 2 años sin querer quedar con nadie y que no me interesaba nada más que mi trabajo y conseguir realizarme como mujer, como luchadora nata que he sido. Aunque no siempre fueron bien las cosas, aunque quizás hubiera momentos que quisiera meterme cabizbaja bajo tierra. Siempre había luz, siempre. Cogí el libro, por no hacerle ningún feo y lo metí en mi bolso sin apenas haberle echado una ojeada.

Llegamos a la entrada del Mankala y a un lado de la entrada, donde se encontraban dos gorilas que supervisaban la gente que entraba y la que no, no puede evitar pensar que quizás la ropa que llevaba no me permitiera entrar dentro del lugar y sentí un poco de envidia hacia Rachel, tan bien vestida para la ocasión pero Carol  no iba con unos atuendos demasiado para la ocasión. Llevaba una camiseta de gasa con forma de pico de color azul marino con unos pantalones mega ajustados que la estilizaban lo suficiente como para contener el aire, tacones y un bolsito minúsculo.

Cruzamos la carretera y la interminable cola de gente había comenzaron a silbar a Rachel como si de un monumento se tratase comenzaron piropos desde el fondo hasta el principio de la cola, entonces, saludamos a Carol:

                  -¡Hola! Mira, esta es Rachel, la conocí por casualidad de vuelta a casa.

                  -¡Hola! ¿Qué tal?- dijo amablemente

                  -¡Hola! Yo Soy Carol, la amiga loca y compañera de Laura.- dijo a carcajadas mientras Rachel se reía por sus palabras.

Entramos en local, después de media hora larga haciendo cola ahí de pie pasando frío.
Una vez dentro, nos fuimos directas a la barra, también repleta de gente que se giraba al ver a Rachel con su vestido ajustadito. Y las luces de discoteca que la favorecían aún mucho más.
Después de quince minutos ya teníamos nuestras copas y nos pusimos en un rincón de la discoteca donde pudimos posar nuestras copas y atuendos. De pronto sonó la canción de la mayonesa y sin poder creérnoslo nos miramos las tres y nos reímos mientras comenzábamos a bailar al son de la música que aunque pareciera imposible, había llegado al otro lado del charco.
La noche fue divertida, exceptuando a la multitud de hombres que se agolpaban alrededor de Rachel para bailar con ella e invitarla a una ronda de chupitos. No sé cuántos llegamos a tomar, pero el caso es que el sábado por la mañana, no era persona y la señora resaca me había he su visita después de casi más de 6 meses que no salía con Carol.



Era horrible, todo me retumbaba y para colmo, el vecino había decidido ponerse a practicar con la guitarra a las 9 de aquella mañana. Tuve que levantarme y hacerme algo para desayunar. Eso si conseguía mantenerlo dentro de mí y con un poco de suerte alimentarme como dios manda, pero la dicha no estaba de mi lado. En cuanto probé un trozo de manzana y acto seguido el zumo, lo eché todo. A continuación, al salir del baño cogí el móvil y lo ví lleno de mensajes de Rachel y de Carol, que al parecer, siguieron la fiesta en casa de unos chicos a los que conocieron en la disco. Creo que la foto se la podrían haber ahorrado pero me alegré de que aquellas dos hicieran buenas migas y quien sabe, si encontrarían el amor que durara algo más que una noche alcoholizada después de unos cuantos bailes arrimados los unos con los otros.

Cuando pude localizar el último mensaje, me citaban Rachel y Carol para desayunar, pero eran las dos de la tarde y me citaban a las tres. Lo más probable es que pasaran parte de la mañana en vela acudiendo a pubs cercanos de por la zona. Entonces recordé que no sabía cómo había llegado a casa, me recordaba cogida en los hombros de alguien pero no cuando me despedí de aquellas dos locas.
Como no tenía que hacer nada y me había pasado la mañana espachurrada en el sofá decidí adelantar faena del trabajo ya que había conseguido parar por algo más de una hora alimentos dentro de mí y la verdad, no me apetecía nada estar rodeada de desconocidos baboseando por Rachel fue cuando me lo pensé mejor, y me metí en la cama al oir que el vecino, ya no tocaba más la guitarra en un intento por conciliar horas de sueño.

El teléfono sonó durante horas mientras estuve dormida, toda la tarde, la noche, y parte del domingo hasta que decidí enviarle un mensaje a Carol para saber cómo estaban con la esperanza de que no les hubiera molestado demasiado que no me hubiera reunido con ellas y los desconocidos.
Carol no respondió, Rachel tampoco y después de casi cuatro horas, comencé a preocuparme. ¿Y si las habían secuestrado? ¿y si estaban en apuros y por eso sonaba tanto el teléfono?

CONTINUARÁ...

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