miércoles, 15 de marzo de 2017

Hisoria Inventada: No todo es glamour y caviar. (Capítulo final)

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Aquella voz me resultaba tan familiar… ¡era la del buzón de voz! En cuanto me di cuenta de que era la misma persona a la que le oí decir aquellas palabras, mi curiosidad fue en aumento así como también intentaba adivinar de que hablaban aquellos dos desde el recibidor en voz baja.
Rachel dijo algo y le dejó entrar y cuando vi quien era… quedé estupefacta. Llevaba unos pantalones vaqueros ajustados negros, camiseta negra y una chupa de cuero. El cabello era corto, lleno de remolinos. Aquel tío no tenía muy buen aspecto, tenía la piel muy pálida y cuando entró, entró con aires de grandeza, como si ya hubiera estado en casa de ella alguna que otra vez, tanto era así que sacó la leche del frigorífico se sirvió el café y la leche campando a sus anchas. A continuación se quitó la chaqueta y como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí cogió su café y se sentó a mi lado como si no existiera.

Fué entonces cuando Rachel algo enfadada le dijo que hiciera el favor de coger sus cosas y marcharse lo antes posible. Aunque sus palabras denotaban amabilidad, su gesto me indicaba que este hombre, no era precisamente un buen amigo. Como vi que era una situación bastante incómoda para ella, decidí irme por mi propio pie para no caldear el ambiente y no ser testigo de una pelea con lo que fuera que tuvieran aquellos dos, pero ese tipo me daba mala espina, así que como no me fiaba demasiado de lo que pudiera pasar le pregunté:

                - ¿puedes con esto?- dije arqueando las cejas

                - Claro que sí , él ya se iba , ¿verdad Luke?- dijo invitándole a que se fuera
<< ¿Así que ese era el tal Luke del que me había hablado Richard?>> pensé para mis adentros.

 Entonces cogió algo de las mesitas de noche, dió un rodeo por todo el piso y dijo:

                - Volveré otro día en el que no estés… tan ocupada.- dijo mientras cerraba la puerta dejando a una Rachel temblorosa al oír aquellas palabras:
                - ¿¡Quién coño era ese tío?!- dije preocupada

                - Esto … -dijo mientras se dirigía al sofá

              - ¿Acaso te has metido en un lío?- la interrumpí

                - Es un amigo al que conozco de hace muchos años, solíamos quedar y otras cosas más… ya me entiendes. La última vez que lo vi coincidimos en la disco contigo y Carol. Lo pasamos muy bien. Es buena persona. –trato de convencerme

               - ¿Pretendes que me crea que ese tío es buena persona? O es que ¿A caso no te has dado cuenta de cómo tiemblas?- dije haciendo muestra de lo evidente

               - Laura, es un viejo amigo, nada más. – dijo intentando zanjar el tema

Trate de coger aire, la mire, y viendo aquel cuerpo suyo tan delgado y tembloroso ante mí, la abrace y le dije:

               - ¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras verdad?

               - Sí Laura, tu eres una buena tía. Tranquila, si tengo algún problema, serás la primera en saberlo.
               - ¿Seguro?

               - Seguro.

Aquellas palabras me sonaron a excusa, pero no podía hacer nada si no me explicaba que era lo que ocurría o en lo que se había metido. Yo no era nadie en su vida, tan solo una chica a la que conocía de apenas unas semanas ¿Qué podía hacer yo?

Sonó el teléfono y lo cogí, era del trabajo habían prescindido de mis servicio y cubierto mi puesto por otra persona. Me quede de piedra. Pero si no había faltado ni un solo día al trabajo, había estado única y exclusivamente para ellos. Me entregue hasta los fines de semana en los que Tom se encargaba de las fiestas de empresa, incluido los veranos y todo ¿para qué? En ese momento tuve que sentarme de nuevo y volver a coger aire, echarlo, volver a coger aire y … pensé rápidamente en la propuesta que me hizo aquella misteriosa compañía. Allí mismo, mire desesperadamente el correo en busca de una salvación. Entonces lo vi: “España”. ¡la empresa era española! No solo eso, me proponían una suma cuantiosa por mis escritos y ¿Cómo podía rechazarlo? En aquel momento pensé en Richard y Rachel.  Richard se había portado muy bien conmigo habíamos congeniado y Rachel me había abierto sus puertas a su casa, a su más sincera amistad o por lo menos eso creía yo. Se me vino el mundo abajo así que me quede ahí mirando la propuesta de aquella compañía que al parecer, era una editorial, mientras sin que yo pudiera apreciar bien lo que me decían, de pronto llegó a mis oídos:
               - ¡Laura! ¡Laura! – dijo Rachel preocupada

               - ¡Si, si! Dime – dije de un salto

               - Me habías asustado, parece como si hubieras visto un fantasma, ¿ocurre algo?

               - Nada, nada… me han ofrecido trabajo – dije con la vista perdida

               - No parece una buena noticia – dedujo

               - ¿Y Porque no?

               - No pareces entusiasmada. Cuando a alguien le dan una buena noticia se le nota en la cara. –volvió a acertar .

               - Lo cierto es que, es lo que estaba esperando.

               - ¿A sí? Y de que trabajarías? En qué zona de Nueva York es?

               - Bueno aún no se si voy a aceptar el trabajo – dije intentando quitarle hierro al asunto y cambie de tema – ¿Sabes algo de Richard?- dije mientras ella me miraba incrédula
- Dijo que se pasaría a verte. Espero que no te moleste que le haya dicho que estabas conmigo. Mostró bastante interés en ti y le dije que se pasara para animarte pero… ¿qué hay entre vosotros dos , tortolitos?- dijo a modo de broma

            - Nada, solo somos amigos que quedan y lo pasan bien juntos- dije sin saber muy bien que suponían aquellas palabras.

           - Entonces … ¿os habéis acostado?- dijo ni corta ni perezosa

           - ¡¿Qué dices?! No, no, solo somos dos buenos amigos. Punto.

Entonces Rachel sonrió y encendió el televisor.
Pasaron dos horas, tres y hasta cuatro pero Richard no apareció. Por lo que me fui a mi piso asegurándole a Rachel que ya estaba mejor y estaba vez, bajé las escaleras y fui en busca de mi coche.

Conduje hasta mi casa y una vez dentro, traté de imaginar lo que supondría irme a España otra vez. Me quede dormida pensando en ello.

Habían pasado dos meses. La única noticia que tuve de Richard fue la de que vendría a verme al piso de Rachel y no apareció pero en todo ese tiempo, me había mentalizado en que si volvía a España seria sin él. Sin embargo, algo dentro de mí, me decía que me iba a arrepentir toda la vida, que no iba a encontrar a nadie como él con quien congeniara, con quien confiara tanto. No sabía que ocurría, cada vez que  el destino nos juntaba como en casa de Rachel, él no aparecía. Así que decidí no pensar en ello. Ni en él, ni en lo que me hacía sentir. Ese fue mi tope, por lo que me mantuve entretenida a lo largo de aquellas largas semanas hasta que una noche, llamaron al timbre de casa. Era él, Richard.
Abrí la puerta y le invité a entrar. Estuvimos hablando pero sin llegar a nada. Todo parecía muy formal, seco, vacío. Fue cuando comprendí que las personas vienen y van, que los sucesos siempre están ahí, pero que en cada ciudad hay una Carol, una Rachel, un Tom o una Rachel Smith.

Me fui de Nueva York por un buen porvenir, pero a los pocos meses de estar allí decidí que me gustaba el otro lado del mundo, allí donde hay que cruzar el charco y en un mes atando eventos con la editorial con la que había confirmado y comenzado mis andanzas, volví a Nueva York. Se me ocurrió pasar por el restaurante donde comenzó todo, donde conocí a Rachel, donde hice buenas migas con Richard, donde me reí y hasta me enfadé. Un cumulo de sensaciones vinieron a mí mientras bajaba las escaleras. Y como si todo el mundo se hubiera concentrado para que aquel día fuera obra del destino me encontré con Richard:

               - Hombre, ¿Cómo tu por aquí?- dijo sorprendido y a la vez con interés

               - Mi editorial me ha enviado aquí para firmar libros y para comenzar mi nueva novela. ¿Cómo estás?- dije con mucho ánimo

               - Te he echado de menos Laura… yo… estoy loco por ti…- dijo tartamudeando- No dejado de pensar en ti , en nosotros...

Como si el mundo me hubiera dado una segunda oportunidad, como si las hadas hubieran habituado aquel hermoso lugar donde tantas vivencias habíamos experimentado, hubo un cruce de miradas y ese fue el principio de mi nueva vida. No era ni la más famosa de las novelistas, pero estaba haciendo lo que había soñado toda mi vida y como todos, en busca del amor, en busca de compartir nuevas hazañas, ser comprendida y compartir ese amor que llevamos dentro y que tanto deseamos repartir, encontré a mi amor.

FIN.

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